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Edna Iturralde ganó el premio Skipping Stones y recibió una mención del Premio Latinoamericano de Literatura Infantil por sus dos nuevas novelas. En diálogo con Diario HOY, explicó por qué escribe para niños.

Acaba de publicar Los hermanos que cosechan cuentos de hadas y Los pájaros no tienen fronteras, ambos libros merecedores de premios importantes en la literatura infantil. ¿Cómo se siente al respecto?

Feliz, especialmente por ser ecuatoriana: los dos son galardones internacionales. El uno es un premio otorgado por Estados Unidos y el otro una Mención Honrosa por el Premio Latinoamericano de Literatura Infantil y Juvenil… Llevar a mi país afuera y que sea conocido y reconocido por autoridades de distintos países me llena de satisfacción.

Con Los pájaros que no tienen fronteras, recibe por tercera vez el premio de Skippíng Stones, el cual se otorga a los libros que tratan asuntos ecológicos y multiculturales. ¿Tiene un interés particular por estos temas?

Sí. Uno de los ejes más fuertes de mi literatura es la etnohistoria narrativa. Dentro de este tema escribí Verde fue mi selva, el cual fue seleccionado en 2009 como uno de los 10 libros imprescindibles del Canon de literatura infantil y juvenil latinoamericana del siglo XX. También escribí Los hijos de la Guacamaya que cuenta la historia de los cañari… Me interesa indagar en la etnicidad y la multiculturalidad. En Los pájaros que no tienen fronteras lo hice pero a nivel latinoamericano porque me parece importante que conozcamos el origen de nuestros hermanos de América. En este libro hay 20 leyendas y 20 mitos de cada país

¿Cómo fue el proceso de selección?

Muy difícil porque Latinoamérica tiene un folclor increíble, especialmente en leyendas. Hay tanto material, tanto que contar y tanta similitud entre unas y otras que hice un gran esfuerzo para cernir la información. Por decirte, a La llorona la puse en México, pero esta leyenda está prácticamente en todo Centro América. Elegí las más queridas de cada país. Tuve la suerte de viajar a muchos de ellos y de hablar con gente para que me cuenten las historias. Así funcionan las leyendas: se transmiten de generación en generación.

Tanto las leyendas como los mitos intentan explicar cuestiones relacionadas con la sociedad, ¿por qué es importante que los niños aprendan de esto?

Por el conocimiento. Lo que se conoce se respeta y se quiere. Como escritora he querido ser un puente entre las culturas, las etnias y los pueblos de nuestro país y del continente…

En su libro, cuando empieza las leyendas, siempre utiliza la frase: “Pues dizque…” Pero cuando se trata de los mitos la frase es otra: “Cuentan los abuelos que…

Lo hago así con los mitos por respeto a las culturas y etnias, estos son relatos relacionados con la religiosidad de cada país. Al usar la figura del abuelo doy el peso de la sabiduría a la historia. No pongo en duda su veracidad. Las leyendas siempre tienen variantes, hay cosas que pueden ser ciertas como pueden no serlo… Al usar esa frase pongo el relato en tela de juicio. En ambos casos tomo la esencia de la historia y la recreo desde mi propio punto de vista.

Lo mismo hizo en Los hermanos que cosechaban cuentos de hadas…

Exactamente. Ese libro es un homenaje a los hermanos Grimm porque el año pasado fue su bicentenario. En 1812 apareció por primera vez su libro de cuentos. Ellos recogieron historias folclóricas de Alemania. Yo interpreté las suyas y las conté a mí manera. El cuento de Blancanieves, por ejemplo, habla de una princesa que temía conocer al príncipe porque odiaba el mal aliento. No sabía qué hubiese hecho si él la besaba y olía mal. El de Rapunzel cuenta la historia de una joven cuyo pelo crecía exponencialmente porque la bruja acicalaba su cabello con fertilizantes. En el del sastrecillo valiente la madrastra es buena.

Este parece ser el eje del libro: los gemelos recorren los cuentos de los hermanos Grimm intentando descubrir por qué las madrastras siempre son malas. ¿Hay alguna razón por la que hizo esto?

No me gusta la injusticia. Especialmente ahora, que hay tantas personas que se vuelven a casar, me parece mal que las madrastras carguen ese peso que durante generaciones y generaciones las convirtió en las perversas de la historia. No siempre es así.

Hay una ausencia de maldad evidente en sus cuentos. Esta se acentúa en el tema que menciona de las madrastras, pero se siente en todo el ambiente. ¿Por qué no incluir en los cuentos el mal que existe en el mundo?

La maldad existe y los niños lo saben. Pero también existe la bondad y sobre todo las soluciones. Una persona puede elegir ser buena o mala. No creo que yo haga pensar a los niños que todo es absolutamente maravilloso. Tengo, por ejemplo, un libro que se llama Cuando callaron las armas y que habla sobre los conflictos bélicos que hay en los distintos países del mundo, así como la forma en que los niños se involucran con ellos. Estos cuentos terminan, desgraciadamente, como tiene que terminar, porque no puedo decir que vivieron felices para siempre. Aunque sí acaban con una nota de optimismo y esperanza -que me parece importante-. En Los hermanos que cosechan cuentos de hadas el tema es más liviano. De todas formas creo que se plantea la maldad, pero de una forma distinta:  los gemelos Luis y José quieren cambiar la historia de Hansel y Gretel porque no les gusta que la bruja muera quemada en el horno, pese a que se portó muy mal. Ellos eligen. Me parece importante que se dé a los niños la posibilidad de pensar y discernir qué está bien y qué está mal. Es darles la oportunidad de que elijan el camino contrario a la violencia.

Esta oportunidad brindan los hermanos Grimm a los gemelos cuando los alientan a que inventen otro final para el cuento de Hansel y Gretel. Les dicen que existe un punto en el cual la realidad y la ficción se intersectan…

Es que es así. Piensa en un atardecer: hay un momento en que no es de noche ni de día, en que la oscuridad y la luz se unen de tal forma que no se sabe cuál es cual. Es uno quien elige la tonalidad del cielo.  (MC)

Un paseo mágico por la historia tradicional

Cuarenta leyendas y mitos de los 20 países de Latinoamérica forman parte de Los pájaros no tienen fronteras un libro en el cual se difuminan los lindes que bordean el territorio geográfico y cultural de cada país.

Edna Iturralde incluye figuras conocidas como el dios Tlátloc o los gemelos del Popol Vuh, a través de las que se explican creencias de cada cultura como, por ejemplo, la aparición del Sol y la Luna.

Figuras menos conocidas como el gusano Ñucu o la flor Nikté-ha pueblan las páginas del libro y revelan la mitología de cada país, que explica temas tan cotidianos como el consumo del mate en Argentina.

Las leyendas hablan de costumbres y valores como la fidelidad, la astucia, la justicia… De lectura ágil, dotado de un lenguaje sencillo y lejos de ser moralista, bordea el mensaje con una inteligencia que permite a la autora rodear el terreno y caer en el blanco en el momento preciso, como cuando los juegos terminan con un nocaut. Cada historia está compuesta de cuatro páginas.

Un cierto misterio palpita en los cuentos e incentiva la creatividad de quien los lee, logrando que a la vuelta de la esquina se encuentre con la descripción de la imagen que la autora dejó a medias. Parecería que con la intención de que el lector invente su propio mundo de fantasía, lleno de colores y rincones mágicos. El estilo narrativo está dotado de una picardía nata que saca un par de sonrisas a lo largo del libro y que enseña a ver el mundo con perspicacia y buen sentido del humor.

Los pájaros no tienen fronteras, un libro para adolescentes que atrapa a cualquier adulto dispuesto a conocer personajes mitológicos y tradicionales de la historia latinoamericana.

Dos hermanos que cambiaron su destino

Los gemelos Luis y José son un par de niños ciegos que han aprendido a vivir a través de la fantasía. Su madre Anabela inculcó en ellos el amor por los libros desde que eran pequeños, leyéndoles todas las noches los cuentos de los hermanos Grimm.

Cuando ella y su padre desaparecen, los hermanos emprenden una aventura que los ayudará a rescatarlos. En ella se encuentran con varios personajes de la literatura clásica como la Cenicienta, la Blancanieves e incluso Jacob y Wilhelm Grimm.

Los hermanos que cosechan cuentos de hadas narra la aventura de dos gemelos que lucharán por cambiar el final de una historia con la que no se sienten a gusto.

El deseo de José y Luis se lleva a cabo con mucho tino. Las modificaciones de los cuentos originales son ingeniosas y muy astutas, como en la historia de Hansel y Gretel, cuando la bruja no alimenta a los pequeños con dulces sino con pollo y papas fritas. La autora lo hace de esta manera para que sea factible que los pequeños engañen a la bruja con el hueso del pollo, cuando ella revisa si están engordando. Una cierta ironía tiñe el relato incentivando a los niños lectores a que desarrollen esa chispa que les permitirá aprender a reírse de las pequeñas cosas de la vida. La mayoría del libro está compuesto por estos momentos, aunque hay algunos en los que el ambiente se torna un poco rosa. El desarrollo de los sentidos ayuda a que el lector recree en su cabeza la película, ya que Iturralde le da mucha importancia al olor y la textura de los elementos que describe. El libro, que ganó una Mención de Honor del Premio Latinoamericano de Literatura Infantil, es una propuesta inteligente y estratégica que enseña a los niños la otra cara de los clásicos.

Artículo de Diario Hoy, 2003.

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