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El libro “Verde fue mi selva”, publicado en 1998 fue incluido entre los diez imprescindibles de la literatura infantil del siglo XX.

Tae es una pequeña cofán, alegre y juguetona. Un día pierde el habla cuando un líquido negro y viscoso se riega sobre el río. Sus familiares la dejan en una choza, esperando que los espíritus le ayuden. Llegan los animales, uno por uno, para averiguar qué tiene la niña. Cuando la mariquita se acerca a su oído, Tae empieza a llorar. Sus lágrimas ruedan y al caer sobre el agua limpian el petróleo.

¿Qué le dijo la mariquita a la niña? Nada complicado, solo que la selva es suya para siempre, y que es su deber cuidarla cuando otros intenten destruirla.

Esta historia sencilla, bellamente ilus- trada, es parte del libro Verde fue mi selva, publicado en 1998. El libro de Edna Itu- rralde acaba de ser reconocido como uno de los diez imprescindibles de la literatura infantil del siglo XX. La selección estuvo a cargo de editorial SM, con el apoyo de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos de Chile. La convocatoria reunió a 151 obras postulantes.

“No he recogido la tradición oral. Com- partí con los pueblos achuar, shuar, huaorani, cofán, secoya y quichuas del Oriente. Me basé en su cultura para escribir estas historias con personajes de estos pueblos”, explica la autora, considerada una de las más impor- tantes y prolíficas creadoras de literatura infantil y juvenil.

Verde fue mi selva recibió el Premio Internacional Skipping Stones en 2002. Este galardón de los Estados Unidos reconoce a libros multiculturales y étnicos. En 2005, el Ministerio de Educación Pública de México lo incluyó entre los títulos que deben estar en las bibliotecas de aula, dentro del programa Hacia un País de Lectores. El trabajo fue seleccionado entre más de 15.000 libros.

Actualmente, la autora trabaja en otro proyecto literario ambientado en la selva. Cuentos del río Yasuní refleja la cosmovisión huaorani. Para ellos cada ser viviente tiene un espíritu. La tierra, un espíritu femenino, necesita descanso, por eso son nómadas.

No hace mucho, en territorio cofán, la escritora conoció el Árbol de las Almas, un ceibo gigantesco que sirve de puente hacia el otro mundo. Quien haya visto la película Ava- tar relacionará de inmediato esta imagen.

Además, acaba de publicar una saga de aventuras sobre el Bicentenario, desde 1808 a 1822, poniendo en relieve los personajes que participaron en la gesta libertaria, y que han sido invisibilizados por la historia oficial. Cuatro libros, hermosamente ilustrados, for- man parte de esta propuesta editorial.

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Vistazo Verde fue mi selva

Texto y entrevista de Revista Vistazo Verde fue mi selva  Marzo 11, 2010

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